Poner un modelo generativo frente a clientes exige límites explícitos. Los nuestros se agrupan en tres capas, y las tres son código, no buenas intenciones.
Entrada: clasificamos la intención antes de responder. Temas fuera de alcance (asesoría legal, datos de terceros, autolesión) se derivan con respuesta fija y registro.
Generación: el prompt de sistema define identidad, tono y prohibiciones; la información sensible viaja por contexto controlado, nunca en el prompt visible. Las respuestas con datos duros exigen fuente recuperada, sin fuente, el asistente dice "no sé".
Salida: un validador revisa la respuesta final: sin datos personales de más, sin promesas de negocio que nadie autorizó, sin números inventados. Lo que no pasa, se reescribe o se escala a un humano.
Nada de esto es exótico, es disciplina de ingeniería aplicada a un componente nuevo. La diferencia entre un incidente y una anécdota suele ser una capa de validación que costó una tarde.